Líderes de opinión
Felipe Schuster
Cultura, derecho y protección
[14/11/2006] Debemos preocuparnos de nuestra cultura, del destino de lo que estamos creando, de la situación de los artistas, creadores y la industria que se desarrolla en torno a ellos.

Nuestro país optó hace bastantes años por abrir su economía al mundo. Esta apertura, que ha venido aparejada de un sostenido crecimiento económico, sin duda ha generado enormes beneficios, pero también implica desafíos sobre los que bien vale la pena detenerse y reflexionar. A pesar de nuestra lejana posición geográfica, hemos logrado globalizarnos y tomar la senda del desarrollo, que cada vez se vislumbra más cercano.

Sin embargo, el análisis no debe centrarse sólo en cifras económicas. Debemos preocuparnos de nuestra cultura, del destino de lo que estamos creando, de la situación de los artistas, creadores y la industria que se desarrolla en torno a ellos. Y al habar de cultura, me refiero a todo tipo de creación artística, sin ningún tipo de exclusión, ya sea popular, docta, tradicional, vanguardista, rural, urbana, etc. ¿Queremos estar abiertos a las influencias de otras culturas, de otras creaciones? Sin duda. Este intercambio enriquece y aporta. Pero también queremos disfrutar de nuestras obras, de nuestros autores y artistas. ¿Sería la misma nuestra sociedad sin Violeta Parra ni Pablo Neruda? Por supuesto que no. Aportes artísticos de tal magnitud, unidos a todos los demás, contribuyen a conocernos, a entendernos, y a relacionarnos con el resto del mundo. Es el aporte del arte, que si bien, es difícil cuantificar en un porcentaje del PIB, resulta esencial para un país que quiere ser algo más que cuentas macroeconómicas ordenadas.

De ahí que sea fundamental, como primera cosa, proteger, mediante herramientas jurídicas eficaces, la creación artística. Ahí deben concentrarse los esfuerzos. El Derecho de Autor, en sí mismo, es un instrumento indispensable, para la existencia y desarrollo de una producción de bienes culturales abundante y diversificada. Por eso confunde y desconcierta el discurso, muchas veces proveniente del sector público, que busca promover un supuesto desarrollo cultural, a través de excepciones a la protección de obras artísticas, inspirándose en conceptos ciertamente atractivos como el facilitamiento del acceso a la cultura. No cabe duda que son discursos bien intencionados, pero la lógica ordena que para que exista acceso a algo, ese algo debe en primer lugar existir, y para que exista, deberá ser creado, y el fruto de tal creación, protegido, para que, además del invaluable valor cultural, éste goce de un valor económico, que permita al creador subsistir y a la industria desarrollarse.

Si se desea facilitar el acceso a la cultura, se deberá invertir en ella y velar por su protección pero no promover, como herramienta principal, excepciones y limitaciones que terminen por debilitar precisamente aquello que se pretende hacer asequible. Mientras las editoriales, con impotencia, vean como a vista y paciencia de todos se piratean los éxitos cuyas ganancias servirían para invertir en autores nacionales, mientras los sellos musicales independientes, que a punta de esfuerzo han logrado surgir, no obstante, apenas logran subsistir, mientras las multinacionales no inviertan en artistas nacionales por los riesgos que ello implica, mientras la industria cinematográfica crezca, pero gracias al riesgo de productores que invierten todo y más de lo que tienen para poder estrenar, el énfasis deberá, necesariamente, estar puesto en la protección de las obras artísticas, para que luego podamos acceder y disfrutar de ellas.

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Felipe SchusterAbogado
Felipe Schuster
Red de Líderes, Revista El Sábado - Universidad Adolfo Ibáñez.
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