Líderes de opinión
Oscar Landerretche
Hacerse la permanente
[02/10/2006] Definir cuánto de los intereses son permanentes requiere precisar cuál es el nivel óptimo de activos netos que el fisco debiera tener en el largo plazo.

Financiar compromisos permanentes con ingresos transitorios es la definición clásica de populismo. Por eso es interesante el uso de la palabra "permanente" en el documento "Aprovechemos la oportunidad", firmado por 20 destacados economistas. Esta palabra invoca la famosa hipótesis del ingreso permanente de Friedman, según la cual los agentes económicos distribuyen premios transitorios a lo largo de toda su vida. Una manera simplista de estimar cuánto debiesen gastar es calcular una perpetuidad; esto es: el flujo de gasto infinito que se puede financiar con el premio.

El documento citado afirma que de aquí al 2010 habrá US$ 9.950 millones en mayores ingresos fiscales permanentes: 2.900 por sobre-ingresos del cobre; 3.150 por intereses a los fondos del fisco; y 3.900 que se podrían obtener bajando la regla fiscal. En realidad, no todos los flujos que estiman los 20 son permanentes.

La eliminación del superávit de 1%, por ejemplo, lo es. ¡De acuerdo! El problema es que el fisco también está adquiriendo compromisos permanentes. Si uno les cree a las proyecciones, la reforma previsional generará compromisos permanentes de, ni más ni menos que, un 1% del PIB. Entonces: o eliminamos la reforma o subimos otros impuestos para financiarla. Otra opción es dejar que el 1% desaparezca con la reforma; pero eso no dejaría disponibles estos fondos para otras cosas.

El efecto transitorio del cobre no es permanente, y con los intereses hay que tener cuidado. Definir cuánto de los intereses son permanentes requiere precisar cuál es el nivel óptimo de activos netos que el fisco debiera tener en el largo plazo. Por ejemplo, si se piensa que el fisco no debe tener ni deuda ni reservas netas en promedio, entonces, la totalidad de los intereses deben ser considerados transitorios.

A una tasa de largo plazo de 5,5%, la perpetuidad que corresponde a estas dos partidas es apenas US$ 340 millones anuales. Es decir, en cuatro años US$ 1.360 millones y no US$ 6.050 millones. Esto implica que del total de US$ 9.950 millones, solamente un 14% es ingreso permanente disponible. Para que tenga sentido fiscal, la propuesta de los 20 tendría que contener compromisos permanentes equivalentes.

Veamos. Los incrementos en la subvención escolar, los subsidios a la capacitación y las rebajas de impuestos son gastos permanentes: lo que suma compromisos por US$ 8.000 millones cada cuatro años. El programa de reforma del Estado y el resto suman US$ 1.960 millones en gastos transitorios. O sea, el documento propone comprometer un 80% de los recursos en gastos permanentes. Como se puede ver, el uso generoso de la palabra no es casual. La fría matemática indica que para ser fiscalmente consistente esta propuesta requiere alzas permanentes en otros impuestos o rebajas permanentes en otras partidas presupuestarias.

La permanente, cuentan, es un peinado que se llama permanente, pero que no lo es. Un peinado que se desarma después de un tiempo y cuando se va, lo único permanente que deja es el pelo dañado. Debatamos sobre el uso de las holguras fiscales. Pero no nos hagamos una permanente fiscal, que, al cabo de algunos años, nos deje con las chascas colgando en el rostro.

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Óscar LanderretcheEconomista
Óscar Landerretche
Red de Líderes, Revista El Sábado - Universidad Adolfo Ibáñez.
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