Líderes de opinión
Juan Carlos Eichholz
Ni engaños ni soluciones mágicas
[15/09/2006] Los gobiernos, aun los democráticos, no operan ni pueden operar desde la simple neutralidad abriendo opciones y dejando que todo fluya.

Por: JUAN CARLOS EICHHOLZ
Fuente: El Mercurio

"Por su carácter incuestionablemente democrático, el Gobierno no impone conductas, sino que pone a disposición de la población opciones". Sin duda una frase para el bronce, con la cual resulta difícil estar en desacuerdo, pronunciada por el ministro del Interior como parte de la declaración oficial de La Moneda para contradecir lo afirmado por la Iglesia, particularmente esa sutileza de "regímenes totalitarios".

Pero no nos quedemos en lo meramente efectista. ¿Qué diría Ud. si esa frase la pronunciase un padre de familia respecto de sus responsabilidades como tal?: "Yo no impongo conductas, sino que me limito a abrir opciones". ¿Y si lo dijese la directora de una escuela o el gerente general de una empresa? Creo que la respuesta es clara: el padre estaría renunciando a su labor de formar a sus hijos, la directora haría lo propio con su misión de educar a sus alumnos, y el gerente general estaría abandonando la conducción de la empresa. ¿Por qué debería ser distinto en el caso de un gobierno? De hecho, Pedro Aguirre Cerda ya lo había declarado: "Gobernar es educar".

Entre imponer y abrir opciones existe un terreno amplio -difícil, por cierto-, que es donde se mar-ca la diferencia y se producen los cambios de largo plazo, justamente el objetivo hacia el cual debería es-tar orientada la labor de todo Presidente. Y ese terreno se traduce, guste o no, en modificar los modos de pensar y de actuar de las personas, lo que no ocurre ni por la sola imposición de conductas ni por la sola creación de opciones.

En el caso de la píldora, esto es evidente: el dar acceso a ella no disminuye los embarazos no deseados -eso lo sabemos, y, también, que aumenta las enfermedades de transmisión sexual-, como tampoco lo haría la imposición de un toque de queda para los adolescentes.

La única fórmula es hacer a los jóvenes responsables de su sexualidad, lo que supone un trabajo más largo y difícil, basado en conversaciones y debates sobre el tema, en la escuela y en el hogar. Es evidente que la aparición de supuestas soluciones mágicas, como la píldora, juega en contra de ese tipo de trabajo, que, equivocadamente, pasa a ser percibido como innecesario.

El mismo fenómeno de soluciones mágicas falsas se observa en muchos otros ámbitos. Pensar que al traer los buses nuevos del Transantiago estaríamos arreglando el problema del transporte público en la capital era un vil autoengaño. También lo fue creer que bastaba con instaurar los tribunales de familia y dotarlos de una infraestructura moderna para así tener una nueva justicia. Y qué decir de la jornada escolar completa en educación, que abre nuevas opciones, pero que se ha traducido en más de lo mismo. De lareforma a la salud todavía no se sabe mucho, aunque ya existen indicios de que, pese a la mayor inversión y a los cambios legales, la realidad de los hospitales públicos no ha cambiado mayormente.

¿Qué nos dice todo esto? Que los gobiernos, aun los democráticos, no operan ni pueden operar desde la simple neutralidad, abriendo opciones y dejando que todo fluya. Los gobiernos tienen visiones de país y de políticas, y para llevarlas a cabo deben actuar sobre las conductas de las personas, partiendo por generar un debate sobre esas visiones. De lo contrario, simplemente, no se producen los cambios.

Decir que se puede actuar desde la neutralidad y producir cambios es engañar a la ciudadanía; y creer que se puede actuar desde la neutralidad y producir cambios es autoengañarse. En el caso particular de la píldora, ¿estará el Gobierno engañando o autoengañándose? ¿Y qué pasa con las numerosas inversiones sociales que han comenzado a anunciarse?

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ABOGADO
Juan Carlos Eichholz
Red de Líderes, Revista El Sábado - Universidad Adolfo Ibáñez.
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