21 de Agosto de 2006
Fuente: El Mercurio
ANDREA REPETTO
Centro de Economía Aplicada, U. de Chile
Al año, una de cada diez empresas pequeñas quiebra. Diez años después de entrar al mercado, sólo un tercio sobrevive. Los préstamos que consiguen son caros y con mayores trabas, y sólo les queda financiarse con recursos propios. Ante tanta dificultad, es inevitable concluir que hay que salvar a las pymes.
Estas cifras se refieren a Estados Unidos y no a Chile. Es difícil ser pyme en un país desarrollado con pocas trabas burocráticas. Y si todo se ve mal en EE.UU., ¿cómo será en Chile? La verdad es que las cifras son similares en nuestro país... Colombia, Dinamarca, Marruecos y Suecia. Así es la pyme en todos lados.
La dinámica industrial se caracteriza por la constante entrada y salida de firmas. Por cada diez empresas que se crean, una sobrevive. Como las que perduran son más productivas, una porción importante del crecimiento económico se explica por la reasignación de producto desde las que cierran a las que emergen. De hecho, la mitad de las ganancias de eficiencia en nuestros años de milagro económico se deben a este proceso.
El proceso es virtuoso para la economía, pero riesgoso para la firma. La alta, pero inevitable, probabilidad de muerte explica el menor acceso al crédito de la pyme. Para seleccionar a las que pueden llegar a ser exitosas, los bancos piden garantías, cobran mayores tasas, prestan a plazos cortos o simplemente niegan préstamos. En un trabajo reciente, José Miguel Benavente y Alexander Galetovic muestran que la situación crediticia de la pyme chilena no es distinta de la norteamericana. En EE.UU., por ejemplo, un 92% de estos préstamos tiene garantía, basada muchas veces en el patrimonio personal del empresario. Más de la mitad de los créditos otorgados son líneas de corto plazo, y un 67% de la inversión se financia con utilidades retenidas.
Las pymes chilenas no son especiales. Aun así, hay cosas por hacer. Una mayor competencia en la banca las beneficiaría, por ejemplo, potenciando los cambios recientes al impuesto de timbres y estampillas con una central de garantías que facilite el traslado de préstamos entre bancos. También ganarían de la revisión de normas que dificultan el acceso al crédito, como el interés máximo convencional.
La burocracia se puede simplificar. Según el Banco Mundial, empezar un negocio en Chile toma 9 trámites y 27 días a un costo del 10% del ingreso per cápita. En EE.UU. son 5 trámites en 5 días por un 0,5% del ingreso medio. Asimismo, una ley de quiebras eficiente asegura que los recursos de las firmas que cierran vuelvan rápidamente a utilizarse. Aquí, nuestro ranking también es pobre: en EE.UU., por cada dólar que una empresa en quiebra debe a sus empleados, acreedores y el gobierno, 76 centavos se recobran. En Chile, sólo 23.
La entrada y salida es un insumo crucial del proceso de selección de firmas, clave para el crecimiento. La contribución de la pyme a la economía no se asegura con perdonazos ni condiciones especiales para su supervivencia, sino que facilitando el desarrollo de las mejores y la rápida reasignación de recursos desde las que cierran a las más eficientes.
|