31 de Julio de 2006
Fuente: El Mercurio
Por: Andrés Baytelman
En los países en que se ha logrado reducir el delito, dos han sido los principales factores de éxito: la capacidad del sistema para detectar los problemas delictuales y los ofensores, y las respuestas que genera para ellos. En ambas áreas, contar con buenas normas es importante, pero el meollo de la cuestión es, básicamente, operativo.
Un aparato de persecución que actúe con inteligencia; que identifique los problemas delictuales específicos, concretos y locales, y que coordine su poder con todas las herramientas sociales disponibles, depende principalmente de factores operativos. Aun cuando la ley ofrezca buenas herramientas, todavía será necesario concebir formas inteligentes de organizar el trabajo de fiscales y policías, cruzar información, poner el poder penal en una alianza estratégica con los vecinos, la comunidad y el comercio, así como con otros organismos del Estado, diluyendo la diferencia entre prevención y represión. Si se hace bien, el resultado esperable es un incremento en la capacidad para detectar imputados, problemas delictuales, oportunidades para el delito y factores de temor, y para intervenir todas esas situaciones, mejorando así la probabilidad de captura, y enviando a la sociedad una señal fuerte y clara de que alguien está a cargo del problema.
Logrado eso, todavía deberemos tener un abanico de respuestas posibles frente a la diversidad de problemas delictuales. También aquí hay respuestas más inteligentes que otras. En algunos casos, la incapacitación que produce la cárcel será la mejor respuesta posible, y debe llegar con celeridad y eficiencia. En muchos otros, la pregunta relevante es: "¿Qué funciona realmente?". Qué funciona para -en las grandes cifras- producir menos reincidencia; abrir oportunidades para quienes estarían dispuestos a dejar de robar, si sólo tuvieran una alternativa laboral real; obligar a los infractores juveniles a volver al colegio; desintoxicar a quienes cometen delitos para financiar la droga que necesitan desesperadamente.
Cada una de estas áreas es de enorme influencia en el flujo delictual, y el poder penal puede también ser usado para obligar a los imputados a seguir estos caminos, en vez de seguir delinquiendo. También estas iniciativas presentan desafíos, fundamentalmente, operativos. Alinear todos los recursos del Estado en esa dirección es la función realmente primordial de un Ministerio de Seguridad.
Demasiado tiempo hemos puesto nuestros esfuerzos en hacer leyes. Tener buenas leyes es obviamente muy importante, pero ellas sólo habilitan el terreno, no construyen la casa.
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