08 de Abril de 2006
Fuente: Revista Vivienda y decoración - El Mercurio
Por: Sebastián Errazuriz Infante
En Estados Unidos el cigarrillo causa más muertes que la suma de todas las provocadas por el alcohol, los accidentes de tránsito, el Sida, los homicidios y el resto de las drogas ilegales. En ese país, el tabaco es responsable de casi medio millón de muertes anuales.
En Chile, el gobierno acaba de establecer una nueva ley de tabacos con la intención de disminuir este sicótico suicidio masivo, practicado impunemente por fumadores e incentivado por las tabacaleras.
Desde el punto de vista del diseño, lo más interesante de esta ley está en la cláusula que indica que la mitad inferior de ambas caras de la cajetilla se destinará a las advertencias sobre los peligros del tabaco. Un diseño inteligente de esa porción, representa una oportunidad fundamental en el propósito de desincentivar el consumo de cigarrillos entre fumadores habituales y principiantes.
Para ilustrar el poder y responsabilidad que puede tener el diseño en esta materia, resulta interesante conocer el fenómeno de los revolucionarios cigarrillos marca "Death". Lanzados en Gran Bretaña en 1991 por la independiente "Elighted Tobacco Company", los cigarrillos "Death" (Muerte) presentaban una calavera con huesos cruzados sobre un fondo negro. El agresivo diseño de la cajetilla desafió toda convencionalidad de la época, al no intentar esconder el peligro que representaba el uso del tabaco. El resultado fue sorprendente: la efectividad de la imagen desarrollada por B.J Cummins, quien apostó por la honestidad como la mejor manera de atraer a los jóvenes fue tal que le permitió a la marca hacerse un espacio en el mercado, rápidamente. Todo un logro, sobre todo si se considera que en Gran Bretaña la ley prohibe publicitar los cigarrillos, dejando a la cajetilla como el único elemento para cautivar el público.
El caso "Death" pone de manifiesto que cuando un joven deja una cajetilla sobre una mesa en un bar, ésta, al igual que su ropa o sus zapatillas se convierte en el reflejo de la imagen que busca representar. En este caso, la característica rebeldía adolescente, la capacidad de desafiar y reírse incluso de la muerte.
Diseñar la mitad de la cajetilla es responsabilidad del Ministerio de Salud, entidad que deberá considerar esta influencia. Ojalá los mejores y más creativos profesionales, sean capaces de trapear el suelo con sus colegas al servicio de las tabacaleras, quienes diseñarán la otra mitad.
Hay que entender que el consumidor o adicto al cigarro ha aprendido a bloquear las advertencias, por lo que resultaría interesante que el diseño lo enfrentara entonces, no a su propio riesgo, sino a su eventual culpa en la enfermedad o muerte de un ser querido. Así, ya no le será posible desentenderse, y se verá obligado a mirar nuevamente al cigarrillo, despojado de todo estilo o glamour; reducido a su verdadera naturaleza, una droga fatal.
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