Fuente: El Mercurio
Diciembre, 2005.
En muchos ámbitos, lo que se hace y se deja de hacer en política pública no responde a lo que es bueno para el país en el largo plazo, sino a presiones de quienes ganan o pierden hoy. Por ejemplo, para resolver los problemas de las pymes se necesita un mercado del crédito más competitivo y menos burocracia, y no subsidios especiales o préstamos de gobierno que nunca se recuperan. Las consecuencias sociales del desempleo no se mitigan protegiendo el empleo, sino los ingresos de los trabajadores. Y para mejorar la calidad de la educación, no basta con elevar los recursos que reciben los establecimientos: es necesario que colegios y docentes respondan por los resultados de los niños que educan.
Los beneficios que se obtienen —o los costos que se evitan— con una política no suelen ser percibidos por la ciudadanía durante el período del gobierno que la implementa y, por tanto, no consiguen votos para el candidato que representa su continuidad. Así, muchas reformas importantes se quedan sin hacer. ¿Cómo explicar a las mujeres trabajadoras que es necesario elevar su edad de jubilación?
Muchas veces pareciera, por lo demás, que para conseguir la voluntad política para hacer reformas se necesitan crisis o escándalos. Y ése es el peor momento para legislar. Las políticas públicas también se ven entrabadas porque los grupos de poder y los conflictos de interés abundan. Aún no se ha legislado sobre el lobby, y las votaciones históricas de nuestros parlamentarios no se pueden obtener haciendo un simple clic en internet. Asimismo, es interesante que en la Comisión de Distorsiones los representantes del Banco Central —institución autónoma y con mirada de largo plazo— tiendan a votar en contra de la renovación de las salvaguardias agrícolas, mientras que los del Gobierno suelen favorecerlas.
Sin duda, se han llevado adelante reformas importantes. Y en algunas ocasiones los gobiernos han enfrentado con éxito los paros y presiones de gremios poderosos, como los microbuseros y camioneros. Sin embargo, en otras ha habido menor voluntad del Gobierno y de la oposición. Un desafío para el Gobierno y el Senado que vienen será resistir las presiones de diversos grupos, y mirar el bosque y no cada árbol por separado. El nuevo período gubernamental de sólo cuatro años hará este desafío más difícil de enfrentar.
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